El desafío para mí es, en primer lugar, ver las cosas como son, ya sea una playa, una calle de la ciudad, o una puerta. En una palabra, trato de ser objetivo. No me refiero solo, a la objetividad de una máquina, sino a la de un ser humano sensible, con su único y personal criterio. Esto para mí, es el arte de la fotografía.


Cuando miro y vibro, mis ojos se convierten en lentes que quieren fotografiar ese instante. Es una intuición, algo que no es tangible, que no puedo explicar. Enfocan, obturan, es una capacidad que viene de mucha práctica. Pienso que la fotografía es el único lenguaje que puede ser entendido y comprendido en todo el mundo.


Aunque puede parecer que el principal sentido de un fotógrafo es la vista y se sirva de sus ojos como principal instrumento os puedo asegurar que en mi caso es en el tacto y la piel, de donde nacen mis fotografías.


Saber donde pararse. Observar. No hace falta recurrir a trucos para hacer fotos. Componer. Las fotos están ahí, esperando que las hagas. Capturar.


La fotografía es olfato. La belleza está en todo, en lo sublime y en lo ordinario. Me he dado cuenta de que tiene poco que ver con las cosas que ves y mucho con cómo las miras.


A veces es fácil, o no. A veces es espontánea y a veces se elabora. Tienes que cocinarla, degustarla y saborearla. Sin prisas.


Clac-clac, ese sonido es el final y el principio. Final de mi como fotógrafo y principio de lo que resuene en las personas que miran mis fotografías.


Hay quienes piensan que con una cámara mejor serán capaces de hacer mejores fotos. Una cámara mejor no hará nada por ti si no hay nada en tu cabeza o en tu corazón. Uno se convierte en fotógrafo cuando ha superado las preocupaciones del aprendizaje y en sus manos la cámara se convierte en una extensión de uno mismo. Entonces comienza la creatividad con los cinco sentidos.


Antonio Cabral. Fotógrafo.


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